MOTOS DE CARRERAS

 

Pasando a otros componentes, las ruedas de la moto pueden superar las 50 vueltas por segundo a una velocidad de 300 Km/h. Para tener una referencia con la que comparar, una lavadora de ropa centrifugando a 1.500 rpm tan solo da 25 vueltas por segundo.

Los discos de carbono que componen los frenos ruedan al mismo ritmo que la rueda, pero están sometidos a unas condiciones específicas. En una frenada fuerte, como por ejemplo la curva 1 de Sepang, pasan de estar a unos 250ºC a casi 800ºC en tan solo 6 segundos. Una vez el piloto suelta la maneta de freno, el disco comienza a enfriarse para estar listo para la siguiente curva.

Hablando de frenar, los pilotos pasan entre un 20% y 30% del tiempo en pista frenando, en algunos circuitos más de 30 segundos por vuelta en los que aplica el freno siempre en el mismo punto y con la precisión que permitan los ajustes y degradación de las ruedas.

Los discos no son el único componente que tiene que trabajar a una temperatura concreta, el motor también puede tener problemas si las temperaturas son excesivas. Para controlar el calor en el propulsor, este se enfría usando refrigerante. Este líquido es impulsado por una bomba accionada por el propio motor, haciendo circular el fluido por todo el sistema. De esta forma se consigue una temperatura controlada. A altas revoluciones el flujo del refrigerante puede superar los 100 litros por minuto, lo que equivale a vaciar una botella de litro y medio cada segundo.

Los gases del tubo de escape también alcanzan una temperatura notable, cercana a los 700ºC, pero la velocidad a la que salen a través del mismo, a unos 350 km/h no es tan impresionante como las velocidades a la que se mueven las ondas sonoras en el interior de este componente; pueden llegar a los 500 m/s, o lo que es lo mismo, ¡1.800 km/h!


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